En una industria que evoluciona al ritmo de la tecnología, las audiencias y las nuevas formas de consumo, Fernando Famanía Gastelum se mantiene como una de las voces más influyentes del sector de reuniones y eventos en México.
Con más de tres décadas de trayectoria, el actual CEO de Ifahto World Wide y presidente del capítulo México de PCMA no solo observa los cambios: los interpreta, los anticipa y los convierte en oportunidades.
Durante una entrevista con Reporte Lobby, Famanía dejó clara una postura que rompe con viejos complejos de la industria nacional: México no está en proceso de consolidación, ya es una potencia.
Fernando Famanía: México, de mercado emergente a referente global
Lejos de una narrativa aspiracional, Famanía es directo: “México es un gorila”. La frase sintetiza una transformación silenciosa pero profunda en la industria de eventos del país.
Desde su experiencia operando proyectos en distintas regiones del mundo, Fernando Famanía identifica que México ha alcanzado un nivel de sofisticación difícil de replicar.
No solo por la magnitud de los eventos, sino por la intensidad de inversión y la capacidad de generar experiencias alrededor de ellos.
“La Fórmula 1 es el mejor ejemplo. No es solo el evento, es todo lo que sucede alrededor: activaciones, experiencias de marca, interacción con la audiencia. Eso no lo ves igual en otros países”, explica.
A esto se suma un factor clave: la madurez del mercado corporativo. Hoy, las empresas en México ya no improvisan. Han desarrollado áreas internas de marketing experiencial, con presupuestos definidos y objetivos claros. Esto ha elevado la exigencia hacia agencias y proveedores, empujando a toda la cadena de valor hacia estándares internacionales.
Sin embargo, también identifica una tensión: muchas marcas aún buscan resultados de alto impacto con presupuestos limitados o tiempos de ejecución irreales. “Quieren experiencias de clase mundial, pero sin invertir lo necesario. Eso poco a poco está cambiando, pero sigue siendo un reto”, advierte.
Del ROI al ROE: el nuevo lenguaje del éxito
Uno de los cambios más profundos que describe Famanía es conceptual: la industria dejó de medir únicamente el retorno de inversión (ROI) para centrarse en el retorno de la experiencia (ROE).
Este cambio no es menor. Implica pasar de indicadores cuantitativos a variables emocionales, sensoriales y de recordación.
“Eventos hay miles. Pero los que realmente funcionan son los que generan emociones. Cuando logras emocionar, generas recuerdo, conversación y recomendación”, sostiene.
El impacto de este enfoque es claro: un asistente que vive una experiencia emocionalmente relevante se convierte en embajador de marca. Amplifica el mensaje en su círculo cercano y en sus redes sociales, generando un efecto multiplicador que no puede comprarse directamente.
Casos recientes de conciertos o grandes espectáculos muestran que el público rara vez recuerda cifras o detalles técnicos, pero sí recuerda cómo se sintió. Esa es la nueva moneda de cambio.
Inteligencia artificial: herramienta poderosa, pero incompleta: Fernando Famanía
En medio de la transformación digital, la inteligencia artificial aparece como un actor inevitable. Fernando Famanía no la subestima, pero tampoco la sobrevalora.
“La usamos todos los días. Es una herramienta fundamental”, afirma. Sin embargo, establece un límite claro: la IA no puede sustituir la sensibilidad humana ni la capacidad de diseñar experiencias emocionales complejas.
Explica que en las distintas fases de un evento —planeación, preproducción, ejecución y cierre— la inteligencia artificial puede aportar eficiencia, visualización e incluso creatividad inicial. Pero hay elementos críticos donde aún no puede intervenir con precisión: la narrativa emocional, la ejecución en sitio y, sobre todo, la seguridad.
“Hay cosas que se ven increíbles en digital, pero no son viables o seguras en la realidad. Y la seguridad no es negociable”, enfatiza.
Este punto cobra relevancia en un contexto global donde fallas logísticas en eventos han tenido consecuencias graves. Para Famanía, la profesionalización también pasa por entender que la creatividad debe ir acompañada de rigor técnico.
Redes sociales: el nuevo juez de los eventos
Si antes la validación de un evento dependía de medios tradicionales o líderes de opinión, hoy el poder se ha descentralizado.
“En 30 segundos, alguien puede hacer o deshacer un evento”, advierte Fernando Famanía
Las redes sociales se han convertido en el principal amplificador de la experiencia. Cada asistente es potencialmente un creador de contenido con alcance propio.
Esto obliga a replantear la forma en que se diseñan los eventos: ya no solo para quienes asisten, sino para las audiencias digitales que los observarán indirectamente.
El reto, explica, es lograr que la experiencia sea lo suficientemente poderosa para que las personas quieran compartirla de forma orgánica. Ese contenido generado por usuarios tiene un valor superior al de la publicidad tradicional.
Pero también existe el riesgo contrario: una mala experiencia puede escalar rápidamente y afectar la reputación de una marca.
Storytelling e hiperpersonalización: la nueva arquitectura del evento
En este contexto, el storytelling emerge como el eje central. Para Famanía, un evento no comienza cuando el asistente llega, sino desde el primer punto de contacto.
“La historia empieza desde la invitación. Desde cómo te hablamos, cómo te presentamos el evento, cómo te involucramos”, explica.
A esto se suma la hiperpersonalización, una tendencia que redefine la relación entre marcas y audiencias. Gracias al uso de datos, es posible diseñar experiencias diferenciadas según intereses, perfiles y comportamientos.
“Cuando una marca te habla directamente, cuando sientes que te entiende, ahí es donde conectas”, afirma.
Este enfoque no solo incrementa el impacto del evento, sino que fortalece la lealtad hacia la marca.
Creatividad: el motor que no se agota
A nivel personal, Famanía identifica la creatividad como su principal fuente de energía.
“Es mi vitamina. Es lo que me mueve todos los días”, comparte Fernando Famanía
Lejos de agotarse con los años, su proceso creativo se alimenta de la observación constante. Desde una consulta médica hasta una conversación casual, cualquier entorno puede detonar una idea.
“Ver todos vemos, pero observar no todos. Y observar te da herramientas para crear mejor”, señala.
Esta capacidad de reinterpretar lo cotidiano se traduce en propuestas innovadoras que mantienen vigente a su empresa en un entorno altamente competitivo.
PCMA México: una agenda que busca descentralizar la industria
En su rol como presidente de PCMA capítulo México, Famanía impulsa una agenda estratégica basada en cuatro pilares: cobertura nacional, educación con networking, sostenibilidad e inclusión.
El objetivo es claro: romper la centralización de la industria en la Ciudad de México y llevar oportunidades a otros destinos.
“Hay talento y capacidad en todo el país. Tenemos que salirnos de la capital”, afirma.
En el ámbito educativo, apuesta por integrar contenido relevante con espacios de conexión profesional, entendiendo que el networking es un componente esencial del aprendizaje en esta industria.
Además, prepara el lanzamiento de “The Power of Many”, una iniciativa de sostenibilidad que busca trascender como modelo exportable desde México hacia otros mercados.
El consejo para una industria que quiere durar
Para las nuevas generaciones, Famanía resume su experiencia en dos aprendizajes clave: las ideas deben ser viables —especialmente en términos de seguridad— y la gestión financiera es determinante.
“Puedes tener la mejor idea, pero si no es viable o no es segura, no sirve. Y si no manejas bien el dinero, no hay empresa que sobreviva”, advierte.
En un momento donde la industria de eventos redefine sus reglas, Fernando Famanía plantea una visión que combina emoción, tecnología y estrategia. No se trata solo de hacer eventos, sino de construir experiencias memorables que conecten, transformen y permanezcan.
Periodista y columnista especializado en turismo y negocios. 18 años de experiencia reseñando industria turística y destinos. El algoritmo vende, yo explico.
