Turismo mexicano está en riesgo

Turismo mexicano está en riesgo y atrapado en una peligrosa contradicción

El turismo mexicano está en riesgo. Y lo más preocupante es que, mientras una parte de la industria advierte sobre el deterioro de indicadores estratégicos, el gobierno federal continúa celebrando récords de visitantes internacionales como si el número de llegadas fuera suficiente para demostrar la fortaleza del sector.

México está entrando en una trampa peligrosa: no cuenta con recursos suficientes para competir en promoción internacional, pierde dinamismo en el turismo aéreo —uno de los segmentos de mayor derrama económica— y pretende incrementar el Derecho de No Residente (DNR) para 2027.

La ecuación merece atención: menos promoción, señales de menor demanda aérea, presiones sobre la conectividad y mayores costos para los viajeros internacionales.

No significa que todo el turismo mexicano esté cayendo. Significa que algunos de sus indicadores más importantes están mostrando debilidad, precisamente cuando el país necesita fortalecer su posición frente a sus competidores.

Y aquí surge una pregunta incómoda: ¿de qué sirven los récords de visitantes si México comienza a perder terreno en los segmentos que más contribuyen a su economía turística?

¿De esto estará enterada la presidenta Sheinbaum?

Turismo mexicano está en riesgo: la diferencia entre visitantes y turistas

La Secretaría de Turismo ha destacado la llegada de 67.7 millones de visitantes internacionales entre enero y agosto de 2026 como una muestra del dinamismo del sector.

Ahí concentra buena parte de su esfuerzo de comunicación social. Sin embargo, la narrativa resulta sesgada: presenta los indicadores favorables, pero no ofrece la fotografía completa del turismo mexicano.

Se ha vuelto recurrente que, cada vez que el INEGI publica sus estadísticas, la Sectur federal despliegue una intensa comunicación de cifras récord y resultados positivos, mientras los indicadores que muestran retrocesos reciben mucha menor atención.

El riesgo de esta estrategia es que termine construyendo una percepción de fortaleza que no corresponde con todos los datos disponibles y que dificulte reconocer oportunamente los problemas que enfrenta la industria.

Las cifras son importantes, pero también lo es aquello que se omite al interpretarlas. Y precisamente ahí comienza el problema: no todos los visitantes internacionales son turistas, ni todos generan la misma derrama económica.

Visitantes vs turistas.

De acuerdo con la metodología del INEGI, los visitantes internacionales incluyen tanto a turistas, que pernoctan al menos una noche en México, como a excursionistas, que ingresan y salen del país el mismo día.

En este último grupo se encuentran, por ejemplo, los pasajeros de cruceros y los visitantes fronterizos que no pernoctan.

Todos aportan a la economía, pero su capacidad de consumo es muy diferente.

En agosto de 2026, el gasto medio de un turista internacional que llegó por vía aérea fue de aproximadamente 1,269 dólares, mientras que el de un excursionista internacional rondó los 59 dólares.

Es decir, un turista aéreo gastó, en promedio, más de 21 veces lo que un excursionista.

Por eso, presumir millones de visitantes sin explicar su composición puede ofrecer una interpretación incompleta del desempeño turístico.

El verdadero indicador de éxito no debería ser solamente cuántas personas cruzan nuestras fronteras, sino cuánto valor económico generan, cuánto tiempo permanecen y cuántos empleos sostienen.

La caída del turismo aéreo que debería preocuparnos

Mientras el gobierno celebra cifras históricas, los indicadores del INEGI muestran señales que merecen una discusión mucho más seria.

En agosto de 2026, la llegada de turistas internacionales registró una disminución anual de 0.5%.

Sin embargo, el dato más preocupante está en el turismo no fronterizo, cuya llegada cayó 6.6%, mientras que el segmento que ingresó por vía aérea disminuyó 6.5%.

Este último indicador merece especial atención porque corresponde a un mercado de alto valor económico para hoteles, restaurantes, operadores turísticos, transportistas y prestadores de experiencias.

El Caribe mexicano es particularmente sensible a esta tendencia.

Representantes del sector hotelero han advertido sobre la reducción de conectividad aérea y un déficit proyectado de aproximadamente 500 mil asientos para el primer trimestre de 2027.

La pérdida de conectividad no significa solamente menos aviones llegando a nuestros aeropuertos.

Puede traducirse en habitaciones sin ocupar, restaurantes con menos comensales, excursiones que no se venden, menores ingresos fiscales y empleos que se vuelven vulnerables.

Y aunque el gasto total de los viajeros internacionales todavía muestra resultados positivos, sería un error utilizar ese crecimiento para ignorar la caída de un segmento estratégico.

El turismo mexicano puede recibir más visitantes y, simultáneamente, perder oportunidades de negocio en sus mercados de mayor valor.

Esa es la contradicción que debería ocupar el centro de la discusión nacional.

El DNR: México cobra al turismo, pero no garantiza recursos para promoverlo

Aquí aparece otro de los problemas estructurales.

Durante años, una parte de los ingresos generados por el Derecho de No Residente permitió financiar la promoción turística internacional de México.

Ese modelo cambió con la desaparición del Consejo de Promoción Turística de México y la posterior redistribución de los recursos.

Actualmente, el DNR ya no constituye una fuente específica de financiamiento para la promoción turística nacional.

En el esquema planteado para 2027, la distribución contempla 57% para la Secretaría de la Defensa Nacional, 15% para el Instituto Nacional de Migración y 28% para la Tesorería de la Federación.

Es legítimo que el Estado financie infraestructura, servicios migratorios y otras responsabilidades públicas.

Pero también es legítimo preguntar por qué un derecho cobrado a visitantes extranjeros no contempla una asignación específica para fortalecer la actividad económica vinculada con su recaudación.

México cobra por recibir turistas, pero no garantiza que una parte de ese dinero se reinvierta en conseguir que lleguen más.

Mientras nuestros competidores desarrollan campañas internacionales, fortalecen su conectividad y buscan nuevos mercados emisores, México depende en buena medida de esfuerzos estatales, fideicomisos locales e inversiones privadas para mantener su presencia comercial.

La promoción turística no es un gasto ornamental.

Es una inversión destinada a generar demanda, fortalecer marcas de destino, atraer nuevas rutas aéreas y conquistar consumidores internacionales.

Prescindir de una estrategia nacional suficientemente financiada implica dejar una parte importante de esa responsabilidad en manos de los destinos y de la iniciativa privada.

Aumentar el DNR en 2027: una decisión que exige medir sus consecuencias

En medio de este escenario, la propuesta de incrementar el Derecho de No Residente para 2027 ha generado preocupación entre empresarios turísticos.

El planteamiento inicial contemplaba un aumento cercano al 36%, aunque durante su discusión legislativa surgieron propuestas para moderarlo.

El debate no debería limitarse a cuánto dinero adicional podría recaudar el gobierno.

La pregunta es cuánto podría afectar la decisión a la competitividad turística de México.

Los viajeros internacionales comparan destinos, tarifas aéreas, impuestos, hospedaje, experiencias y facilidades de acceso.

México compite directamente con destinos como República Dominicana y otros mercados del Caribe, además de una creciente oferta internacional que busca atraer al consumidor estadounidense, canadiense y europeo.

Es cierto que el precio no determina por sí solo la elección de un destino. También influyen la seguridad, la calidad del producto, la conectividad y la experiencia de viaje.

Pero incrementar los costos de entrada cuando existen señales de debilitamiento en la demanda aérea merece una evaluación económica rigurosa.

La industria necesita conocer el posible efecto de ese aumento sobre la demanda, la conectividad, la inversión y el empleo.

La paradoja es evidente: México necesita atraer más turistas internacionales, pero plantea cobrarles más sin garantizar una inversión equivalente en promoción.

El empleo turístico también está enviando señales de alerta

Las consecuencias potenciales van mucho más allá de los grandes hoteles.

El sector hotelero ha advertido que el empleo formal en los servicios de alojamiento registró una disminución anual de 2.9% entre agosto de 2025 y agosto de 2026, equivalente a 13 mil 168 puestos de trabajo menos.

En Quintana Roo, la caída interanual fue de 3.2%.

No se puede atribuir automáticamente esta reducción al DNR ni a un solo factor. Sin embargo, los datos muestran que existen presiones reales sobre una industria intensiva en mano de obra.

Cuando disminuye la demanda turística, las consecuencias se distribuyen a lo largo de toda la cadena de valor.

Las agencias venden menos, los transportistas realizan menos servicios, los restaurantes pierden clientes y los pequeños operadores encuentran mayores dificultades para sostener sus negocios.

Por eso, el turismo no debería analizarse únicamente como una fuente de recaudación.

Es una actividad productiva que genera oportunidades para millones de familias y sostiene una extensa red de empresas grandes, medianas y pequeñas.

La competitividad turística también es una cuestión de empleo.

Josefina Rodríguez Zamora: el riesgo de una narrativa triunfalista

En este contexto, la secretaria de Turismo, Josefina Rodríguez Zamora, ha privilegiado una narrativa de resultados positivos y récords históricos, mientras los indicadores que muestran debilidades reciben menor protagonismo en la comunicación pública.

El problema no es celebrar las buenas cifras. El problema es permitir que esas cifras construyan una percepción de fortaleza que no necesariamente refleja las dificultades que enfrenta una parte de la industria.

Los datos negativos también son oficiales. Están en las estadísticas del INEGI y deberían ocupar un lugar central en el diagnóstico de la Secretaría de Turismo.

Quizá esta narrativa esté ofreciendo a la presidenta Claudia Sheinbaum una visión incompleta de la realidad turística del país.

No sabemos si la presidenta recibe un diagnóstico integral que incluya los retrocesos en turismo aéreo, las advertencias sobre conectividad y las preocupaciones empresariales por el DNR.

Pero la pregunta resulta pertinente: ¿está llegando a la Presidencia toda la información necesaria para dimensionar los riesgos?

La secretaria Rodríguez Zamora tiene una responsabilidad que va más allá de comunicar cifras favorables.

También debe representar las preocupaciones de la industria, explicar los indicadores negativos y contribuir a construir respuestas frente a los problemas que amenazan su competitividad.

Porque los empresarios turísticos no toman decisiones con base en discursos triunfalistas.

Las toman a partir de reservaciones, ocupación hotelera, conectividad, costos operativos y rentabilidad.

Y cuando esos indicadores comienzan a deteriorarse, los récords de visitantes no son suficientes para disipar la preocupación.

El riesgo de una narrativa excesivamente optimista es que termine retrasando las decisiones necesarias para atender problemas que ya están identificados.

La verdadera amenaza: confundir récords con competitividad

México tiene enormes fortalezas turísticas. Su patrimonio cultural, sus playas, gastronomía, biodiversidad, infraestructura y posición geográfica representan ventajas extraordinarias.

Pero ninguna de ellas garantiza que los viajeros internacionales continúen eligiéndonos indefinidamente.

La competencia mundial no espera.

Otros países invierten en promoción, desarrollan nuevos productos, fortalecen sus conexiones aéreas y buscan captar segmentos de mayor gasto.

México necesita hacer lo mismo.

Necesita una estrategia nacional de promoción turística, inteligencia de mercados, mayor coordinación con aerolíneas, fortalecimiento de sus productos y una política fiscal que considere los efectos sobre la demanda.

También necesita que el gobierno federal escuche las advertencias de los organismos empresariales y las convierta en decisiones sustentadas en evidencia.

La discusión sobre el DNR debería convertirse en una oportunidad para revisar el modelo de competitividad turística del país.

Porque el turismo no puede depender exclusivamente de sus atractivos naturales ni de una narrativa de crecimiento estadístico.

México puede seguir rompiendo récords de visitantes y, al mismo tiempo, perder competitividad, conectividad y oportunidades de negocio.

Ese es el verdadero riesgo.

Y mientras se discute cuánto más puede recaudar el gobierno de los turistas extranjeros, quizá deberíamos preguntarnos cuánto está dejando de ganar el país por no invertir suficientemente en atraerlos.

Los récords de visitantes pueden alimentar un discurso optimista, pero no sirven por sí solos para llenar habitaciones vacías, recuperar vuelos perdidos ni proteger los empleos que dependen del turismo.

El turismo mexicano está en riesgo, no porque haya dejado de ser atractivo, sino porque su competitividad requiere decisiones que no pueden sustituirse con cifras triunfalistas.

La industria tiene razones para mantenerse en máxima alerta.

Y el gobierno tiene la responsabilidad de escucharla antes de que las señales de advertencia se conviertan en problemas de mayor dimensión.

Publicado por

Marco Daniel Guzmán

Periodista y columnista especializado en turismo y negocios. 18 años de experiencia reseñando industria turística y destinos. El algoritmo vende, yo explico.

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