La percepción de inseguridad en México alcanzó 63.2 % en el segundo trimestre de 2025, según la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) del INEGI. Este dato refleja un salto respecto al 61.9 % del trimestre anterior. En ese contexto, me pregunto: ¿cuáles son los destinos que mantienen una percepción de seguridad relativamente favorable y qué papel juega esta percepción para el turismo nacional e internacional?
En este ejercicio presento argumentos a favor y en contra de que la percepción de inseguridad determine la elección de destinos turísticos en México, y señalo ejemplos concretos que desafían o confirman esa lógica.
Ciudades con menor percepción de inseguridad: casos de referencia
Según la ENSU en junio de 2025, las áreas urbanas con menores niveles de percepción de inseguridad fueron San Pedro Garza García (11.0 %), Piedras Negras (16.9 %), Benito Juárez en la CDMX (22.0 %), Saltillo (23.5 %) y Puerto Vallarta (27.3 %). En particular, Puerto Vallarta destaca por ser el único destino de playa en el top con baja percepción. De hecho, recientes reportes lo consideran entre las cinco ciudades más seguras del país.
Otro dato importante: el promedio para los diez principales destinos de playa fue de 56.2 % que se siente insegura, lo que indica que más de la mitad de sus habitantes tienen esa percepción. En ese grupo de destinos de playa, algunos como Los Cabos (24.7 %) o La Paz (36.7 %) también se encuentran por debajo de ese promedio.
Por contraste, las ciudades con mayor percepción de inseguridad incluyen Culiacán (90.8 %), Ecatepec (90.7 %), Uruapan (89.5 %), Tapachula (88.1 %) y Ciudad Obregón (88.0 %). Estos destinos ejemplifican cómo una percepción crítica puede ahuyentar turistas potenciales incluso si ciertas zonas turísticas siguen funcionando.
La percepción de inseguridad lo defina todo
La percepción de inseguridad es subjetiva y suele exagerar riesgos reales. Muchas zonas turísticas se hallan en zonas delimitadas y con vigilancia especial, lo que no siempre coincide con la percepción ciudadana general.
Incluso con altas percepciones, muchos turistas acuden a destinos que consideran peligrosos debido a su atractivo —playas, cultura, naturaleza—. El turismo no es completamente racional. Esto explica que destinos como Cancún (percepción de inseguridad cerca de 78–79 %) sigan captando millones de visitantes.
Los datos muestran variaciones trimestre a trimestre: destinos que mejoran o empeoran de percepción en periodos cortos. Esa volatilidad limita la capacidad de usar percepción como criterio sólido para decisiones de inversión turística.
La inversión en seguridad real, infraestructura, presencia policial y servicios públicos puede mitigar la percepción negativa. Es decir, un destino con alto riesgo percibido puede transformarse mediante políticas concretas y transparentes.
Percepción de inseguridad influye decisivamente
La percepción de inseguridad pesa emocionalmente más que cifras criminales: un turista que siente inseguridad puede evitar un destino aunque las estadísticas digan lo contrario. Esa sensación influye en decisiones de viaje, afectando la ocupación hotelera.
Destinos que mantienen índices bajos actúan como faros: Puerto Vallarta y Los Cabos atraen turismo al proyectarse como destinos relativamente seguros. Esa ventaja competitiva puede traducirse en ingresos y fidelidad.
En escenarios de competencia turística internacional, la percepción se convierte en un componente de la marca destino. Quienes logren reducir esa percepción tendrán mejores oportunidades de captar turismo extranjero.
Impacto en destinos de playa: el escenario más vulnerable
Los destinos de playa son especialmente sensibles a la percepción de inseguridad. En ellos el turismo internacional representa más del 60 % de las llegadas (por ejemplo, 64.6 % en los primeros meses de 2025). Cuando más de la mitad de la población local siente inseguridad, el destino arrastra una carga difícil de superar.
Cancún ejemplifica un caso crítico: con una percepción del 78–79 %, aun con ese nivel tan elevado, sigue siendo un destino masivo por infraestructura y conectividad. Esa resiliencia sugiere que percepción no elimina atractivo total, pero limita márgenes de crecimiento.
Otra observación: Puerto Vallarta, al mantener baja percepción, consolida una ventaja estratégica. Si mejora su seguridad percibida, puede mejorar su posicionamiento frente a competidores.

Periodista y columnista especializado en turismo y negocios. 15 años de experiencia reseñando industria turística y destinos.
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