¿Tendría sentido que la Ciudad de México contara cada año con una Temporada Oficial de Día de Muertos?
Vale la pena poner la idea sobre la mesa.
Podría tratarse de una ventana turística de aproximadamente 25 días, del 10 de octubre al 3 de noviembre, alrededor de uno de los productos culturales y turísticos más poderosos que tiene México ante el mundo.
Una ventana con principio y final claramente definidos y, sobre todo, conocidos con suficiente anticipación por toda la industria turística.
La propuesta podría resumirse así:
25 días para vender Ciudad de México.
Un periodo en el que hoteles, operadores turísticos, agencias de viajes, restaurantes, aerolíneas y demás prestadores de servicios sepan que existe una Temporada Oficial de Día de Muertos sobre la cual puedan planear, crear producto, lanzar preventas y construir campañas desde muchos meses antes.
La idea merece analizarse porque el Día de Muertos ya es uno de los grandes productos turísticos de la Ciudad de México. Genera ocupación hotelera, moviliza visitantes nacionales e internacionales, llena restaurantes, activa operadores turísticos y convierte durante varias semanas a la capital del país en escaparate de una de las tradiciones mexicanas más reconocidas en el mundo.
La pregunta entonces es:
¿Podría organizarse todo ese potencial alrededor de una temporada turística claramente identificable?
La secretaria de Turismo de la Ciudad de México, Alejandra Frausto Guerrero, podría encontrar aquí una oportunidad para abrir la conversación con la industria sobre la conveniencia de construir una Temporada Oficial de Día de Muertos en CDMX, estableciendo una ventana turística de aproximadamente 25 días, por ejemplo, del 10 de octubre al 3 de noviembre de cada año.
No se trataría de modificar la tradición ni de decretar que el Día de Muertos comienza tres semanas antes.
Tampoco de convertir una manifestación cultural profundamente arraigada en un simple espectáculo turístico.
La posibilidad es mucho más práctica: ordenar, integrar y comercializar turísticamente alrededor de una misma temporada lo que en buena medida ya está ocurriendo.
Temporada Oficial de Día de Muertos: de eventos aislados a un producto turístico
La Ciudad de México ya tiene prácticamente todos los componentes.
Está el Gran Desfile de Día de Muertos, la Ofrenda Monumental del Zócalo, los altares, las catrinas, los museos, los mercados, las celebraciones en las alcaldías, Mixquic, Xochimilco, las experiencias gastronómicas, el pan de muerto, las flores de cempasúchil, los recorridos de leyendas y decenas de actividades públicas y privadas.
El problema no parece ser la falta de producto.
Quizá la oportunidad esté en construir una arquitectura turística que lo integre.
Tal vez la Ciudad de México no necesite sumar más eventos de Día de Muertos, sino encontrar una manera de integrar los que ya existen dentro de una temporada turística oficial reconocible para comercializar mejor.
La diferencia parece semántica, pero comercialmente puede ser enorme.
Hoy buena parte de la conversación turística gira alrededor de preguntas como:
“¿Cuándo será el desfile?”
“¿Cuándo ponen la ofrenda del Zócalo?”
“¿Qué fin de semana conviene viajar?”
Una Temporada Oficial de Día de Muertos permitiría introducir otra pregunta:
“¿Cuándo comienza la temporada de Día de Muertos en Ciudad de México?”
Y que pudiera existir una respuesta conocida con muchos meses de anticipación:
Del 10 de octubre al 3 de noviembre.
La industria turística podría ser una de las grandes beneficiadas
Una política de esta naturaleza podría generar algo que el sector privado necesita para vender: certidumbre.
Imaginemos que cada año hoteles, operadores turísticos, agencias de viajes, restaurantes, aerolíneas, guías, recintos y demás prestadores supieran con suficiente anticipación que existe una ventana de aproximadamente 25 días denominada Temporada Oficial de Día de Muertos CDMX.
Un hotel podría lanzar preventas.
Un operador receptivo podría diseñar circuitos de tres, cuatro o cinco noches.
Una agencia podría comenzar a comercializar paquetes desde principios de año.
Las aerolíneas tendrían una referencia temporal para campañas.
Los restaurantes podrían crear experiencias gastronómicas.
Y los operadores internacionales tendrían algo mucho más sencillo que incorporar a sus catálogos:
Mexico City – Day of the Dead Season. October 10 – November 3.
Eso podría ayudar a convertir una suma de acontecimientos en un producto turístico más fácil de entender y, sobre todo, de vender.
Una Temporada Oficial de Día de Muertos permitiría vender con anticipación
Aquí podría encontrarse uno de los mayores beneficios de analizar esta propuesta.
El turismo se vende antes de que ocurra.
Un operador necesita negociar habitaciones, transporte, experiencias, restaurantes, guías y tarifas. Un hotel necesita proyectar demanda. Una agencia necesita lanzar campañas. Un mayorista internacional requiere integrar producto con meses de anticipación.
Cuando las fechas importantes y buena parte de la programación se conocen demasiado cerca de octubre, disminuye la capacidad comercial del destino.
Una temporada estable podría cambiar esa ecuación.
La Secretaría de Turismo podría, por ejemplo, publicar con ocho o diez meses de anticipación un calendario base de temporada, aunque posteriormente se incorporaran actividades adicionales.
De funcionar así, el gobierno aportaría algo extremadamente valioso sin necesidad de subsidiar cada producto:
certidumbre comercial.
Una ventana turística de aproximadamente 25 días
Otro aspecto interesante sería dejar de pensar exclusivamente en el último fin de semana de octubre y los primeros días de noviembre.
Una Temporada Oficial de Día de Muertos del 10 de octubre al 3 de noviembre permitiría imaginar una curva turística.
Del 10 al 19 de octubre, podría comenzar con gastronomía, exposiciones, mercados, cempasúchil, museos y primeras actividades culturales.
Del 20 al 30 de octubre, podrían incorporarse recorridos especiales, catrinas, festivales, experiencias nocturnas, altares y actividades de las alcaldías.
Finalmente Del 31 de octubre al 2 de noviembre llegaría naturalmente el clímax con los grandes acontecimientos y las celebraciones tradicionales.
Y el 3 de noviembre podría funcionar como cierre de temporada.
Inicio, crecimiento, clímax y cierre.
Turísticamente tiene lógica y comercialmente podría ayudar a distribuir la demanda durante más días.
El objetivo no tendría que ser solamente atraer más turistas
Aquí aparece otra oportunidad para discutir qué debería medir una estrategia de esta naturaleza.
No solamente:
¿Cuántas personas llegaron?
También:
¿Cuánto tiempo permanecieron?
Ahí podría encontrarse uno de los KPI más interesantes de una Temporada Oficial de Día de Muertos.
Si alguien que originalmente pensaba permanecer dos noches encuentra actividades suficientes para quedarse tres o cuatro, la temporada habría conseguido algo posiblemente más valioso que simplemente aumentar asistentes.
Significaría noches adicionales de hotel, desayunos, comidas, transporte, entradas, compras y experiencias.
Por eso tendría sentido analizar el potencial de la temporada para incrementar simultáneamente:
ocupación hotelera, estancia promedio y gasto turístico.
Las 16 alcaldías podrían formar parte de la propuesta
Hay otra posibilidad que merece consideración.
Día de Muertos no tendría por qué reducirse turísticamente al corredor Reforma-Centro Histórico.
Una temporada suficientemente extensa podría facilitar una programación territorial.
Cada alcaldía tendría la posibilidad de identificar experiencias con valor cultural y turístico, siempre respetando aquellas manifestaciones comunitarias que no deban convertirse en espectáculo.
El visitante podría descubrir mercados, barrios, gastronomía, flores, panteones, museos, talleres y tradiciones fuera de los circuitos convencionales.
Esto ayudaría a conseguir uno de los objetivos recurrentes de cualquier política turística:
dispersar territorialmente la derrama económica.
En lugar de concentrar visitantes en cuatro o cinco puntos, una Temporada Oficial de Día de Muertos podría convertirse en una plataforma para mostrar que esta tradición se vive de maneras diferentes dentro de la propia Ciudad de México.
También podría beneficiar a quienes están detrás de la celebración
Productores de cempasúchil, panaderos, artesanos, cocineras, mercados, floristas, cartoneros, artistas y pequeños negocios podrían encontrar nuevas oportunidades para integrarse a la cadena de valor turística.
Esto, desde luego, requiere cuidado.
No todo debe convertirse en producto turístico y no todas las tradiciones deben comercializarse.
Precisamente por ello, una eventual política pública tendría que establecer criterios y escuchar a las comunidades involucradas.
Una Temporada Oficial de Día de Muertos tendría que buscar el equilibrio entre promoción, derrama económica y salvaguarda cultural.
El turismo debería acercarse a la tradición, no apropiarse de ella.
¿Podría CDMX apropiarse turísticamente de octubre?
Las grandes ciudades compiten también mediante temporadas.
Hay destinos asociados mundialmente con Navidad, otros con carnaval, vendimias, floraciones, festivales, verano o invierno.
Ciudad de México posee algo extraordinariamente poderoso: una celebración mexicana con enorme reconocimiento internacional y una iconografía prácticamente universal.
Por eso resulta interesante imaginar que octubre y los primeros días de noviembre generaran con el tiempo una asociación turística inmediata:
Octubre y principios de noviembre son temporada de Día de Muertos en Ciudad de México.
Construir esa asociación durante varios años podría convertirse en un activo importante para la marca turística de la capital.
Y permitiría competir por una decisión fundamental del viajero internacional:
“Quiero viajar a México durante Día de Muertos.”
La Temporada Oficial de Día de Muertos tendría que medirse
Para saber si una propuesta de este tipo funciona, tendría que acompañarse de indicadores concretos.
Al menos cinco:
ocupación hotelera, estancia promedio, gasto promedio por visitante, participación de turistas internacionales y distribución de visitantes entre alcaldías.
También podrían observarse reservaciones anticipadas, tarifa hotelera promedio, conectividad aérea, contratación de experiencias y derrama económica.
Entonces el éxito dejaría de medirse únicamente diciendo:
“Al desfile asistieron un millón de personas”.
Podríamos formular una pregunta mucho más interesante:
¿Cuánto turismo adicional generó la Temporada Oficial de Día de Muertos para la Ciudad de México?
Y todavía mejor:
¿cuántas noches adicionales consiguió que permanecieran los visitantes?
Una oportunidad para Alejandra Frausto y la industria
La Secretaría de Turismo de la Ciudad de México no tendría que organizarlo todo.
De hecho, probablemente no debería hacerlo.
Su función podría ser articular.
Cultura organiza actividades culturales. Las alcaldías desarrollan sus celebraciones. Los privados crean experiencias. Los hoteles venden habitaciones. Los operadores construyen circuitos. Los restaurantes desarrollan propuestas gastronómicas. Los mercados y comunidades participan bajo sus propios términos.
Turismo podría conectar esos puntos y convertirlos en una propuesta comprensible y comercializable para el visitante.
La Secretaría encabezada por Alejandra Frausto podría abrir esta conversación con la industria, las alcaldías y las comunidades para determinar si una temporada de estas características es viable y cuáles deberían ser sus alcances.
Podría establecerse una ventana común, construir una marca, integrar el calendario, coordinar al sector, promover internacionalmente la temporada y, fundamentalmente, medir sus resultados.
Eso permitiría explorar una política turística diferente.
Porque existe una diferencia importante entre organizar eventos y crear condiciones para que toda una industria pueda generar negocio alrededor de ellos.
El Día de Muertos ya hizo la parte difícil
La celebración ya tiene reconocimiento.
La demanda existe.
Los eventos existen.
La infraestructura turística existe.
Los visitantes ya llegan.
La Ciudad de México no tendría que inventar un producto desde cero.
Quizá simplemente exista una oportunidad para ordenar lo que posee y convertirlo en algo todavía más poderoso.
Por eso vale la pena colocar una pregunta sobre la mesa de Alejandra Frausto y de la industria turística de la Ciudad de México:
¿Qué pasaría si en lugar de esperar cada año el anuncio de los diferentes eventos, la CDMX contara con una ventana turística oficial de aproximadamente 25 días que pudiera comenzar a venderse desde muchos meses antes?
Una Temporada Oficial de Día de Muertos, del 10 de octubre al 3 de noviembre, podría ser una posibilidad.
No necesariamente tiene que ser ésta la fórmula definitiva ni éstas las fechas inamovibles.
Pero la idea merece discutirse.
Porque el Día de Muertos ya es uno de los grandes atractivos turísticos de la capital.
Quizá el siguiente paso sea preguntarnos si ha llegado el momento de dejar de verlo solamente como una sucesión de eventos y comenzar a pensarlo también como una temporada turística.

Periodista y columnista especializado en turismo y negocios. 18 años de experiencia reseñando industria turística y destinos. El algoritmo vende, yo explico.
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