El Tren Maya alcanza dos años de operación dentro del sureste mexicano, periodo que abre un balance público sobre uso, alcances territoriales y efectos sociales vinculados con decisiones federales recientes.
El proyecto ferroviario inició operaciones durante el gobierno encabezado por Andrés Manuel López Obrador, con un trazo que conecta regiones de Chiapas, Tabasco, Campeche, Yucatán y Quintana Roo.
En total, el Tren Maya cubre mil quinientos cincuenta y cuatro kilómetros, longitud que articula zonas urbanas, áreas rurales y espacios con presencia comunitaria indígena en cinco entidades del país.
Durante el segundo aniversario, organizaciones sociales integraron una Misión Civil de Observación para documentar impactos sociales y ambientales registrados a lo largo del recorrido ferroviario.
El grupo reunió colectivos ambientales, especialistas técnicos y representantes comunitarios, quienes realizaron visitas de campo para recopilar testimonios directos de habitantes cercanos a estaciones y tramos operativos.
Guillermo D. Christy, ingeniero industrial e integrante de colectivos ciudadanos, explicó que el recorrido priorizó comunidades rurales para identificar cambios sociales asociados con la operación ferroviaria.
El especialista señaló que la cesión de la obra y operación a la Secretaría de la Defensa Nacional introdujo dinámicas de presencia militar dentro de espacios comunitarios y zonas arqueológicas.
De acuerdo con testimonios recabados, esa presencia genera tensiones sociales diferenciadas entre áreas urbanas y comunidades rurales, donde habitantes perciben mayor presión institucional cotidiana.
Christy expuso que integrantes de organizaciones ambientales enfrentan señalamientos, advertencias y actos de hostigamiento vinculados con su participación en procesos de defensa territorial.
Las observaciones también señalan que las obras avanzaron sin aplicar de forma completa regulaciones ambientales vigentes ni criterios preventivos para reducir afectaciones ecológicas.
Impactos ambientales y sociales documentados
Los colectivos reportaron la tala de más de veinte millones de árboles durante la construcción, además de perforaciones profundas con acero y concreto que inciden sobre el sistema acuífero regional.
Según los registros ciudadanos, más de quince mil pilas estructurales atraviesan suelos kársticos, mientras al menos ciento veinte cavernas y cuevas presentan alteraciones visibles.
El corredor biológico del sureste muestra fragmentaciones asociadas con infraestructura ferroviaria y desarrollos vinculados con turismo, vivienda y actividades agroindustriales posteriores.
Christy planteó que varios daños presentan condiciones de permanencia prolongada, mientras nuevos proyectos inmobiliarios amplían la presión sobre selva, cenotes y territorios comunitarios.
El especialista explicó que la promoción turística regional utiliza recursos naturales como base económica, aunque la fragmentación territorial reduce continuidad ambiental y uso comunitario tradicional.
Otro aspecto señalado refiere programas sociales federales que introducen tensiones internas dentro de comunidades rurales al vincular apoyos económicos con aceptación de proyectos territoriales.
Christy describió que transferencias mensuales modifican decisiones familiares frente a la defensa ambiental, situación que divide posiciones comunitarias ante proyectos de infraestructura.
Desde la perspectiva oficial, el Tren Maya busca diversificar el turismo del Caribe mexicano hacia el interior del sureste y fortalecer conectividad regional entre ciudades y sitios arqueológicos.
El plan federal también plantea polos de desarrollo alrededor de estaciones, con generación de empleo local y estímulos a actividades productivas regionales vinculadas con transporte y servicios.
Hasta ahora, el servicio prioriza transporte de pasajeros, con rutas que conectan Cancún, Tulum, Mérida, Campeche y Palenque dentro de circuitos turísticos definidos.
Uso del servicio y perspectivas operativas
Autoridades federales insisten en que la sostenibilidad financiera dependerá del transporte de carga, cuyas obras iniciaron de forma formal durante abril de 2025.
Mientras tanto, algunos usuarios describen experiencias iniciales vinculadas con disponibilidad de espacios y organización de tiempos durante el abordaje en estaciones principales.
Matías León, visitante nacional, compartió que decidió utilizar el Tren Maya durante un viaje familiar desde Cancún, motivado por interés en conocer la infraestructura ferroviaria.
El usuario mencionó que observó baja ocupación en su trayecto, así como integración visual entre áreas urbanas y entorno natural durante el desplazamiento regional.
Por otra parte, Viridiana Aguilar relató que perdió una salida por llegar con minutos limitados, situación que atribuyó a procesos operativos y tiempos de compra de boletos.
Estos testimonios reflejan experiencias cotidianas que acompañan la etapa inicial de operación, mientras autoridades y comunidades observan ajustes pendientes en el sistema.
A dos años de su puesta en marcha, el Tren Maya concentra expectativas oficiales, cuestionamientos ciudadanos y dinámicas territoriales que continúan en desarrollo dentro del sureste mexicano.
El debate público incorpora cifras, testimonios y proyecciones, sin cerrar aún un balance definitivo sobre su impacto social, ambiental y económico en las regiones involucradas.
Información de utilidad para profesionales y empresas de Turismo.
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